Arrasamiento de la ley y síntoma social - Laura Capella

Arrasamiento de la ley y síntoma social - Laura Capella

Escrito el 15/09/2015
Daniela Calvo

Arrasamiento de la ley y síntoma social -  Laura Capella

Panel convocado Por Trama Clínica

En momentos tan difíciles no es poco tener una alegría. La de hoy es para mi por partida doble: por haber sido invitada por Trama Clínica, institución que respeto y que integran muchos psicoanalistas que aprecio y por los compañeros de panel: Norma Barbagelatta y Juan José Carmona, con los que, por diversos motivos hemos coincidido en una transferencia de trabajo.

Desde comienzos de los ’90 me vengo planteando qué efectos tendría en nuestra subjetividad la existencia en nuestra historia del pasado terrorismo de Estado, impune tras las leyes de Punto Final, de Obediencia Debida y de Indulto, así como la existencia de treinta mil conciudadanos para los cuales no existió el don de la tumba.

El trabajo de hoy va a estar tramado, entonces, por trabajos anteriores míos que irán creciendo y entrelanzándose con cuestiones nuevas.

Como psicoanalistas sabemos que el hombre, desde antes de su nacimiento y más allá de su muerte, está atrapado en la cadena simbólica, en la estructura discursiva de su cultura y de su época, que lo preexiste. Esta exterioridad de lo simbólico constituye la noción misma de inconsciente, sintetizada en los aforismos: El inconsciente está estructurado como un lenguaje y El inconsciente es el discurso del Otro.

Lacán tuvo oportunidad de comprobar esto a través del análisis de tres modestos médicos  oriundos del Alto Togo, que habían transcurrido allí su infancia. En la época en que condujo estos análisis, hacia fines de la última guerra mundial, Alto Togo era una colonia francesa. ¿Qué halló Lacán? El inconsciente de estos médicos funcionaba de acuerdo con las reglas del Edipo conocidas por nosotros. Era el inconsciente que se les había inoculado junto a las leyes de la colonización, el inconsciente de la metrópolis. Lo que estos médicos conocían de las tradiciones tribales, lo sabían a la manera del etnógrafo; era un saber  aprehendido a posteriori.

Resulta particularmente conmovedor el caso citado por Maurice Leenhardt en “Do Kamo”: La sociedad canaca, del archipiélago neocaledonio, descansa sobre un conjunto de contratos establecidos, no entre personas sino entre generaciones. En las tratativas de matrimonio, la mujer acordada a un clan es un préstamo que debe retornar en la persona de su hija o nieta. Diversas circunstancias –guerras, inclemencias climáticas, etc.- pueden retrasar el pago de esta deuda por tres o cuatro generaciones, y  esto ocurre en el seno de una sociedad sin notarios ni escribas. Puede olvidarse el nombre de la abuela por “reembolsar”, pero hay una palabra que domina el tiempo y dicta comportamientos. Un día, una joven parte hacia el clan vecino y allí es recibida, se la esperaba, ella es la “vida de la palabra” que une los clanes y mantiene la sociedad. Su conducta encarna el discurso del Otro, que nos preexiste,  el inconsciente del cual somos sujetos.

Volveré luego sobre este hermoso apólogo y el camino emprendido por la joven canaca.

El Otro es el lugar de la cultura, el lugar de la legalidad positiva del Estado. Para constituirse, el sujeto debe ir más allá del Otro, descubrir una falla en el Otro, enfrentándose al deseo y su verdad. ¿Qué ocurre entonces cuando  el Estado, amparado en leyes de impunidad se ubica en un más allá sin castración evidente?

Siempre se viola la ley, incluso desde el Estado. Pero apunto a la institución perversa de una ley arbitraria, fuera de la ley. El menemismo –en la figura de su fundador- ha hecho gala de ello, en tanto él se reivindicó transgresor. Recuerdo en el ’95, cuando murió el hijo del entonces Presidente, el doctor Mariano Grondona publicó un articulo en el diario La Nación (19/3/95) en el que por haber sufrido semejante pérdida ponía a Carlos Saúl Menem a la altura de un héroe trágico: Prometeo o  Edipo. En los días inmediatos a la muerte del joven,  el comentario general era que se había tratado de un accidente debido quizás a una imprudencia juvenil. En ese momento y lo sostengo hoy -más allá de si efectivamente se trató de un atentado- para contraponerme a los dichos de Grondona, comparé a Menem con Creonte, el contrahéroe de Antígona. Creonte actuó guiado por la hamartía (atolondramiento) en tanto que Antígona o los héroes trágicos en general lo hace siguiendo su Atè. Escribí por esos días : El vuelo trágico de Menem hijo es semejante a la corrida a gran velocidad de su padre con la Ferrari roja. Uno hacia el Sur, otro hacia el Norte, actuaron tontamente. Cuando el Presidente contravino esa norma de tránsito, nadie lo multó. ¿Qué efectos didácticos tuvo eso en la sociedad? ¡Qué lejos del ejemplo que nos legó aquel centinela que prohibió a San Martín entrar al polvorín con espuelas!

Creo que el mejor honor que le podría tributar el Presidente a su hijo y a tantos jóvenes muertos en accidentes evitables es cuestionarse esa bastardización de la palabra “transgresión” que se ha puesto tan en boga y de la que se constituyó en arquetipo.

Transgresor fue Julio César cuando cruzó el Rubicón, los que realizaron la Revolución Francesa, los patriotas que convocaron el cabildo del 22 de mayo de 1810. Lo que ellos hacían estaba prohibido, al igual que volar sobre una ruta y bajo los cables eléctricos. Sería una dolorosa redundancia insistir sobre las diferencias.[i]

Este Presidente que cínicamente se reivindicó transgresor coronó la corrupción iniciada el 24 de marzo de 1976. Ese fatídico día los comandantes de las tres armas firman el Acta para el Proceso de Reorganización Nacional y en once breves artículos resuelven: asumir el poder político de la República y declarar caducos los poderes ejecutivo y  legislativo en todos sus ámbitos y el judicial en todas las instancias, suspender la actividad política y gremial y elegir Presidente de la Nación.

Con este acto se impusieron por sobre la Constitución Nacional y la Declaración Universal de Derechos Humanos (Naciones Unidas, 1948). En términos generales, el único derecho que se mantuvo a pesar de las formas aberrantes de ejercicio del poder, fue el derecho de propiedad privada, paradigmático del sistema capitalista. Aunque éste también fue abolido en aquellos casos en que las propiedades de los detenidos-desaparecidos pasaron a formar parte del  llamado “botín de la guerra sucia”, cuya pista podrá hallarse a partir de la detención del represor Cavallo en Méjico. Las leyes de impunidad –Punto Final, Obediencia Debida e Indulto- comenzadas con el gobierno de Alfonsín y culminadas con Menem prolongan hasta el día de la fecha la corrupción, la perversión en nuestra sociedad.

Nos encontramos entonces con lo que Alejandro Ariel llama la perversión propiamente dicha, oponiéndola a los rasgos de perversión que pueden verse en algunos sujetos que nos consultan. Perversión propiamente dicha cuando el Amo hace de su goce una cuestión de Estado, como se expresa en la dedicatoria que Videla le hiciera en una foto a “El Tigre”, tristemente célebre torturador, que dice: “Al Capitán Acosta apóstol incondicional de mis ideas”.

Una característica de dicha Acta es que no se menciona explícitamente el plan ya establecido de antemano a instancias tanto del Pentágono como del departamento de Estado de los Estados Unidos : una represión solapada, “discreta” porque en Estados Unidos no deseaban que se repitiera la agitación de la opinión pública estadounidense contra los “excesos” de Pinochet, sobre todo habiéndose descubierto el papel que jugó la CIA en el golpe contra el presidente Allende. Esta represión solapada llevó a la desaparición forzosa de decenas de miles de personas, mayormente jóvenes adultos combativos e intelectuales. Parece que el Amo absoluto  no puede escribir con todas las letras su ley perversa. Emplea entonces eufemismos como “vuelos”, “traslados”, etc.; haciendo suyas las palabras de Himmler a propósito de la “solución final”: “Es una página gloriosa de nuestra historia que nunca ha sido escrita y que jamás lo será”.    

Tenemos entonces la ley arrasada. El síntoma social se irá leyendo retroactivamente, tal vez luego de varias generaciones. Pero hoy podemos –y debemos- anticipar una lectura, para sacudir toda dolorosa inhibición.

Después de la 2º guerra mundial los alemanes se cuestionaron duramente el holocausto. Todavía hoy muchos alemanes “progresistas” se disculpan si se muestran demasiado “obsesivos” u “obedientes” de ciertas reglas. Tienen un dicho: No lo hagamos demasiado a la prusiana, equivalente a nuestro : No seamos más papistas que el Papa. Para ellos existió Nuremberg.

Pero en Argentina no se pudo sostener por mucho tiempo las condenas emanadas del famosos Juicio a las Juntas. Si bien jurídicamente el indulto es una gracia de características medievales que no anula la culpa, en la sociedad se ha inscripto como una absolución. Si están libres es porque son inocentes, y los genocidas indultados se amparan cínicamente en ese discurso.

No poder sostener una palabra, faltar a la palabra. Como lo que ocurre con los grandes sectores medios empobrecidos que continúan enviando a sus hijos a escuelas privadas, cuando ellos mismos dicen defender la escuela pública. Este año sólo 4700[ii] alumnos de escuelas privadas pasaron a escuelas públicas. Esos sectores parecen decir: Una cosa es la ideología y otra los hijos. Y en función de cuidar a sus hijos los sumen en su propia insolidaria contradicción.

Dije que iba a volver sobre el significante camino. Así como la joven canaca emprendió ese camino guiada por un discurso de la cultura al que estaba sujetada, me vengo preguntando ¿Qué camino seguirán nuestros hijos?[iii]  y es una pregunta acerca del síntoma social en la Argentina. En el trabajo donde me hago esta pregunta digo: Considero que (...) la trilogía enunciada de leyes de Punto Final, de Obediencia Debida y de Indulto expande, por mediación de la impunidad, la corrupción en nuestra sociedad desde los ámbitos del poder hacia las bases: el desprecio por el trabajo; la valoración de las personas de acuerdo con lo que posee, sin importar su procedencia; la apología de la prostitución y la de los afectos light; la apología del facilismo y de la mediocridad intelectual; el desprecio por la vida expresado en el alto porcentaje de accidentes de tránsito, muchos de ellos seguidos de abandono de persona; el desprecio por la vejez y por la sabiduría concomitante a ella; la frivolidad creciente, en fin... muestran el camino que va siguiendo nuestra sociedad. “Sabemos –tomando palabras de Ritvo- qué ocurre toda vez que la condición de posibilidad de la estructura se combina con la condición de existencia de la historia”[iv].

Decía más arriba guiada por el abogado Eduardo Barcesat que prácticamente el único derecho no conculcado por la última dictadura había sido el paradigmático del capitalismo, el derecho a la propiedad privada, aunque hacía la salvedad de que hay un llamado “Botín de la guerra sucia” que debe investigarse. La actual expropiación o robo, encubierto eufemísticamente con el término de “corralito”, demuestra una vez más que ni ese derecho esencial del capitalismo es respetado.

Muchos ahorristas damnificados, sumamente angustiados, en estado de shock por esta intromisión del Estado con sus ahorros han relacionado esto con el Holocausto. Me parece un despropósito. ¿Será porque ahora muchos de ellos no pueden decir : Por algo será?

Pero, señores, acá se empezó por algo más grave aún: se llevaron una generación y en muchos casos se apropiaron también de sus hijos, algunos antes de su nacimiento. Me pregunto: ¿Podemos hoy sorprendernos de que nos roben nuestros ahorros si los que han desaparecido una generación y se han apropiado en muchos casos de sus hijos, gozan de esas leyes de impunidad?[v]

Dice Cecilia Gorodischer en un trabajo reciente: sobre la posible comparación de la situación de la Argentina y el Holocausto (...)   se trata de dos experiencia incomparables, que no pertenecen al mismo orden de cosas. En nuestro caso se trata, a mi criterio, de una crisis en el sentido literal de la palabra[1]. En cambio el Holocausto, si por algo se caracterizó fue por el asesinato de cualquier tipo de oportunidad de decidir o separar. Me parece que cuando Adorno dice que no se puede escribir poesía después de Auschwitz se refiere a eso, a que el Holocausto abrió un horror desconocido en el capitalismo occidental moderno que no deja lugar a lo simbólico, a la metáfora, incluso diría, al sentido. No creo que eso pueda compararse con nuestra crisis institucional, política, social que se mantiene dentro del orden de la racionalidad (aunque irracional) moderna. El suicidio de Primo Levi , como el de tantos otros sobrevivientes de los campos de exterminio quizás algo indique de lo logrado del proyecto nazi, porque ni aún quienes fueron lo suficientemente “aptos” para salvarse de la experiencia concentracionaria pudieron reconstruir, en el límite, un sentido de su propia vida. Levi se suicidó a los 72 años en su casa natal, en Turín, 42 años después de finalizada la guerra, el 11 de abril de 1987. su suicidio, como el de bruno Bettelheim, es entendido por algunos- y yo lo comparto- como el resultado de haberse enfrentado con lo inenarrable, lo in-transmisible, lo que no se puede novelar, de la experiencia del Holocausto. [vi]

Coincido con Cecilia Gorodischer cuando acentúa como horroroso el asesinato de la capacidad de simbolizar, de metaforizar. Creo que de ese modo se asesina, doble o triplemente: se mata a la persona, se mata a su comunidad (concepto de genocidio) y se matan las posibilidades de constitución del sujeto aboliendo la capacidad de metaforizar. Sin comparar entonces nuestra crisis con el holocausto, sí debemos estar atentos a ese grave síntoma social: la pérdida de la capacidad de metáfora. Escribí hace poco: Con gran preocupación observo cómo hombres y mujeres bien vestidos y alimentados cubren con excrementos humanos y animales, con desechos, el frente de los bancos que los han robado. Perdida la capacidad metafórica, el algo huele mal al que hacía referencia Hamlet para dar cuenta de la corrupción instalada en Dinamarca, pasa a convertirse en excrementos reales. Pero esos excrementos no serán limpiados por los políticos, ni por los economistas , ni por los representantes del FMI, sino por trabajadores incapacitados para ahorrar porque sus sueldos están por debajo de lo mínimo necesario para su subsistencia y la de su familia.[vii]

Considero totalmente legítimo que los ahorristas damnificados peleen por lo suyo, pero creo que es un rasgo de frivolidad y una falta de respeto y de solidaridad, esgrimirse en sector poco menos que revolucionario. Días pasados, luego de que un grupo de ahorristas que había sido detenido, fuera liberado, cantaron : Ahorristas unidos jamás serán vencidos. Que usen el tradicional cántico militante poniéndose en lugar del pueblo es tan frívolo y excesivo como lo que escuché en un telenoticiero hace unos meses. Se le hacía una nota periodística a un grupo de mujeres de presos amotinados en reclamo de justas mejoras en las condiciones de detención. Al finalizar la nota una de las mujeres gritó, no reivindicando los derechos de los presos, detenidos o internados. No, los reivindicó como delincuentes al grito de: ¡Aguanten los choros!  Creo que son signos de la banalización y la perversión reinante. Perversión que se ha expandido hasta lo más privado del tejido social.

Por eso todos los ciudadanos nos debemos plantear seriamente, cuestionándonos nuestras propias contradicciones, nuestra incoherencias y sobre todo exigiendo juicio y castigo a todos los  responsables de los genocidios de la última dictadura militar, y a todos los políticos responsables del hambre y la muerte de tantos conciudadanos, de lo contrario toda injusticia será justificada y ninguna confianza social será posible, tal es la gravísima lesión que afecta nuestra subjetividad.

Rosario, 13 de abril de 2002


[1] Dice María Moliner que “crisis” deriva del griego “Krisis”, decisión, de “krino”, separar. Y Corominas, Joan, Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. “1750, “mutación grave que sobreviene en una enfermedad para mejoría o empeoramiento”, “momento decisivo en un asunto de importancia”, lat. Crisis

Tomada del griego krisis “decisión”, derivado de krino “yo decido, separo, juzgo”.


[i] Laura Capella, Nota en página psi de Rosario/12 del 30/3/95: La transgresión, de las Madres de Plaza de Mayo al presidente Menem

[ii] Pagina12/WEB, el país a diario. Artículo Libritos

[iii] Laura Capella, ¿Qué camino seguirán nuestros hijos? (Una pregunta acerca de la violación de los DDHH en la Argentina) Contribución libre al X Congreso Argentino de psicología, octubre de 2000

[iv] Juan Ritvo, “Formas de la sensibilidad. Restos de la cultura” Laborde editor. editorial Fundación Ross

[v] Laura Capella, Nota en  página psi de Rosario/12 del 21/3/02: Del Nunca Más a la democracia light

[vi] Cecilia Gorodischer, Tercera presentación a la reunión general del cartel “El acto analítico”, Espacio Psicoanalítico, 4 de abril de 2002

[vii] Laura Capella, ídem nota IV


Bibliografía

    Acta para el proceso de reorganización nacional (Apéndice de una edición de la Constitución de la nación Argentina) Ediciones Depalma, Buenos Aires 1981

    Alejandro Ariel: La perversión. Reflexiones sobre la ética de la interpretación

    Eduardo Barcesat: Derecho al derecho

      Norberto Bobbio. El tiempo de los derechos, Cap. IV

      Jean-Pierre Bousquet. Las locas de Plaza de Mayo

      Victoria Camps: El descubrimiento de los derechos humanos

      Sigmund Freud: El malestar en la cultura

      Juan Carlos Gardella: Introducción a “Derechos Humanos y Ciencias Sociales”

      Jacques  Lacán:  Función y campo del lenguaje y la palabra en  psicoanálisis.

                               Situación del psicoanálisis en l956.

                               La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud.

                               En memoria de Ernest Jones

                               Kant con Sade.

                               Seminarios : La ética del psicoanálisis

                                                       El reverso del psicoanálisis

                                                      Aún

      Maurice Leenhardt: Do Kamo

      Tzvetan Todorov: Los abusos de la memoria